Gerona por su enclave estratégico, situada en el camino de Francia a su entrada en la península ibérica, desde tiempos remotos ha sufrido sitios, cercos, asaltos y asedios que la han marcado en su carácter y organización como una plaza de guerra. Nuestra península no puede ser invadida por tierra sino por las dos terminaciones del Pirineo. En los puntos intermedios no hay caminos, hallándose cubiertos de nieve la mayor parte del año y no era posible internarse con un ejército que debía arrastrar artillería , bagajes, municiones y otras impedimentas. La posición de Geruna, en una garganta, de paso preciso para ir del Ampurdán al interior hacían que siempre se hubiera considerado indispensable sostenerla como plaza fuerte y de aquí el empeño del Ejército francés en tomarla, comprendiendo que sin ella se le hacía muy dificil la lucha y la comunicación con Francia. Pese a estar en segunda línea, en todos tiempos el enemigo se vió obligado a conquistar esta plaza para poderse internar en la península como lo demuestran los sitios que sufrió en los siglos anteriores. Después de la contrucción del castillo de San Fernando en Figueras creyó el gobierno que ésta sería una barrera suficiente para contener las invasiones de los enemigos por esta parte de la frontera, y por consiguiente no atendió a conservar las fortificaciones de la plaza de Gerona y de Rosas.
En 1808 Gerona contaba con unos 14.000 habitantes, siendo aproximadamente una cuarta parte de ellos frailes, clérigos y monjas. La parte más antigua de la ciudad en las proximidades de la catedral contaba con calles estrechas de carácter medieval. Contaba sin embargo de algunas buenas y amplias edificaciones, en su mayoría conventos, que cobrarían importancia durante el Sitio como almacenes, salas para albergar enfermos y heridos e incluso como reductos de defensa. Contaba también con una basílica Catedral, la colegiata de San Félix, cinco parroquias, nueve conventos de hombres, tres de mujeres, una casa de beatas, un seminario, un hospital general y un hospicio. Según Grahit, había un gobernador militar y político de la plaza, un teniente de rey, un sargento mayor, un alcalde denominado también mayor para la administración de justicia, un ayuntamiento y una corta guarnición del regimiento de Ultonia.
Sus habitantes estaban habituados a una vida sencilla, austera y sin grandes lujos ni entretenimientos. Así mismo era determinante su carácter respetuoso, patriótico, religioso y su gran devoción a San Narciso, Santo patrono de la ciudad. Gerona fué sede episcopal de San Narciso, quién murió tras un cruel martirio durante la dominación romana. Su difunto cuerpo, prodigiosamente íntegro tras quince siglos desde su muerte, estaba depositado en la colegiata de San Félix o Sant Feliu en catalán, y obraba como benefactor de la ciudad, atribuyéndosele muchos prodigios y milagros para proteger a la ciudad. Esta devoción tan grande al Santo y a la Iglesia católica, puede ser un aspecto clave para comprender el sacrificio a que se sometió la población hasta el último momento de su capitulación, pasando todo tipo de penurias y sufrimientos. Así mismo el ejército de Napoleón, coronado Emperador tras una cruenta Revolución, de una ideología liberal y para nada devota, era considerado como una fuerza del mal, perversa y maligna a la que era preciso derrotar a toda costa.
Gerona está situada en la parte Este en el declive de una cordillera de montes que la separan del mar, de la que dista unos 40 Km. Pasan por su llanura al Oeste los ríos Ter y Oñar. El primero nace en las vertientes de las montañas del Pirineo y recorre un largo trayecto, pasando por Ripoll y su embalse en el pantano de Susqueda, para llegar a Gerona muy cerca de la acual Dehesa ( Devesa) en su parte Norte para desembocar finalmente al Mediterráneo en la playa de Pals. El Oñar nace en las montañas de Sant Hilari y divide a la ciudad en dos partes, desembocando en el Ter cerca de donde estaba ubicado por entonces el baluarte de San Pedro. La parte de la ciudad situada en la orilla izquierda de este río se llamaba el Mercadal, circundado por el llano por una antigua muralla de origen medieval con torreones adosados que la flanqueaban. Se le añadieron en la segunda mitad del siglo XVII cinco baluartes de construcción más moderna, siguiendo las directrices de la moderna estrategia militar impuesta en toda Europa por el ingeniero francés Vauban. Algunos de estos baluartes aparte de proteger la muralla defendían puertas de acceso a la ciudad como el de Santa Clara, San Francisco o el de Figuerola. Estas construcciones de forma poligonal con amplios terraplenes en donde podían emplazarse piezas de artillería dominaban el llano al alcance del cañón. Los baluartes del Mercadal de Sur a Norte eran llamados : baluarte de San Francisco de Paula, Santa Clara, Gobernador, Santa Cruz y de Figuerola.
En esta fotografía de Fargnoli de principios del siglo XX puede verse un fragmento de muralla del Mercadal con sus torres, situada entre el baluarte de San Francisco de Paula (actual plaça del Lleó) y el baluarte de Santa Clara.
Por encima del baluarte llamado de Figuerola, situado más al Norte, existía una Luneta de defensa llamada de Bournonville que defendía esta parte de la ciudad. Situado en un islote entre los ríos Ter, Onar y Güell, actualmente muy modificados topográficamente por la acual Devesa. Fué contruida en 1678. Se le dió su nombre en honor a Alexandre Bournonville virrey de Cataluña nombrado por Felipe IV. Se trataba de un pequeño baluarte aislado de la muralla, de forma triangular que constituía una posición avanzada de defensa y daba soporte a los baluartes de San Pedro y Figuerola, uno a cada lado de la desembocadura del Oñar.
La parte alta de la ciudad situada en la orilla derecha del río Oñar, estaba completamente rodeada de antiguas muralla y torres. En esta ciudadela estaban ubicados los principales edificios, la Catedral y la Colegiata de San Félix cuyas siluetas forman el típico contorno de la ciudad. Esta parte de la ciudad estaba más poblada que la del Mercadal. A esta antigua muralla sin terraplén arranca de la parte más elevada donde estaba situada la famosa torre Gironella, bajaba (cortina de Santa Lucía, de Alemanes y muralla de las Pedreras) hasta rematar en el baluarte de la Merced y la torre del Carmen en la entrada del río y en el baluarte de San Pedro junto a la salida.
Los montes que quedan al Este con sus aguas vertientes han formado un arroyo llamado Galligans, habitualmente seco pero susceptible de grandes crecidas en tiempo de lluvias, el cual pasando por una profunda cañada o barranco, que divide el monte en dos partes, se introduce en la ciudad y desagüa en el confluyente de los ríos Ter y Oñar. La entrada de este arroyo estaba defendida por un pequeño baluarte llamado de Sarracinas.
Hay que mencionar que en la campiña en la zona de poniente y cerca de la orilla derecha del Ter, se hallaba beneficiada por una acequia llamada de los Molinos, que saca las aguas del Ter cerca del pueblo de Bescanó próximo a Gerona, sigue una dirección casi recta del Poniente al Levante, y se introduce en el Mercadal, rozando el flanco izquierdo del baluarte del Gobernador y daba movimiento a los molinos harineros y a otra maquinaria, beneficiaba a las huertas dentro y fuera de los muros y desaguaba en el Oñar.
La agua de lluvia del llano y algunos manantiales han formado un arroyo llamado Güell que siguiendo una dirección Sur-Norte, cruza la citada Acequia de los Molinos, baña a los baluartes del Gobernador, de Santa Cruz y de Figuerola, y desemboca en el Oñar cerca de este último baluarte.
A pesar de que los ríos Ter y Oñar no tienen un caudal de agua no muy considerable en verano y son vadeables por muchas de sus partes, sin embargo hacen muy dificultoso el ataque a los baluartes del llano (Mercadal) que lo inundan con las crecidas del río por temporales, aguaceros, liquidación de las nieves del Pirineo pudiendo destruir todas las obras de ataque, causar enfermedades y aniquilar los campamentos.
En la montaña a la espalda de la ciudad al Noeste había una fortaleza de defensa llamada Castillo de Montjuich construido en la segunda mitad del siglo XVII. De forma cuadrada, de 200 varas en cada lado ( unos 167 m), fortificado a la moderna, con dos medias lunas o revellines, bóvedas a prueba de bombas para 400 hombres, foso en dos frentes, camino cubierto en toda su circunferencia, casa del gobernador, cuartel y cisterna. Tenía en sus vértices 4 baluartes llamados: de Pacheco, Saint Germain, San Narciso y Ozoria. Cubrían a este fortín 4 torres llamadas de San Luis al Norte, San Daniel al Este, San Narciso al Noreste y San Juan al Suroeste. Ésta última defendía el baluarte de San Pedro y el arrabal de Pedret.
En la montaña en dirección Sur-Este (montaña de las Pedreras) se encontraban varios fuertes de defensa. El más avanzado hacia el Sur era el de Capuchinos. Tenía la figura de un rectángulo con pequeños baluartes y un hornabegue simple (fortificación exterior que se compone de dos medios baluartes). Fué construido sobre los restos de un convento de Capuchinos abandonado del siglo XVI. El fuerte fué edificado en 1707, en plena guerra de Sucesión. Tenía una gran cisterna con arcos ojivales y con una capacidad para 700 metros cúbicos de agua, con comunicaciones subterráneas con el resto de fuertes de las Pedreras. Desde la cresta de la montaña dominaba el camino de Sant Feliu de Guíxols y el cerro de Montilivi y toda la llanura, a la vez que cubría los otros fuertes de la Reina Ana y Condestable. En el plano superior puede verse la disposición de los fuertes en la montaña.
Siguierdo la cresta de la montaña hacia el Norte, venía el fuerte de la Reina Ana, situado entre Capuchinos y Condestable. Denominado así en honor de la Reina Ana de Austria, abuela de Felipe IV. Construido en 1653 al mismo tiempo que el del Condestable. Tenía forma de sardineta o tenaza con un pequeño baluarte exterior que cubría Capuchinos. Servía de enlace entre los otros dos fuertes, con camino cubierto entre ellos. Batía la llanura de un posible ataque sobre los baluartes de San Francisco y de Santa Clara.
Situado a continuación, más al Norte estaba el fuerte del Condestable. De figura trapezoidal con pequeños baluartes y una media contraguardia cubría el recinto de la plaza al Este, batía el llano y la montaña de Montjuich y flanqueaba los fuertes de Reina Ana y Calvario. Construido en 1653 disponía de caminos cubiertos para comunicarse con el fuerte Reina Ana y el reducto de la ciudad. Recibió su nombre en atención al Condestable de Castilla Iñigo Melchor de Velasco quién mientras defendía Gerona en el Sitio de 1653 acampó en este lugar con sus tropas de caballería. Era el fuerte mayor de la montaña y su función era cubrir el lado Este de la ciudad.
Destacándose del Condestable en dirección Noroeste había dos reductos llamados del Cabildo y de la Ciudad. Colocados sobre dos alturas entre un barranco, cubrían la plaza por el mismo lado de levante para el caso de perderse los demás fuertes.
Sobre un cerro de pendiente pronunciada internado en el valle de San Daniel y al Noreste del Condestable había el pequeño fuerte del Calvario, de forma estrellada que cubría el Condestable, dicho valle y parte de la montaña de Montjuich. Fué construido en 1675. En 1808 se instalaron baterias de artillería para cubrir el barranco de Galligans y el reducto de alemanes. En la fotografía superior restos de las ruinas de este fuerte.
Trascribo un fragmento de la Historia militar de Gerona por Guillermo Minali, Ingeniero comandante de la Plaza durante el Sitio, "Los principales caminos y carreteras que conducen a esta Plaza son los de Barcelona, Francia, Sant Feliu de Guíxols, Santa Coloma de Farnés, los de Tayalá y Bescanó, el de Torroella de Montgrí, la Bisbal y pueblos de la Marina, otros para Olot, Besalú, y otros los de Castellá, Fornells, Camdurá. Los caminos de herradura son, el de la Ermita de los Ángeles para la Bisbal y pueblos de la Marina; el de la Ermita de San Miguel, los pueblos de San Medir y San Gregorio; el de la villa de Amer, que se toma desde Sarriá y el carretero a la orilla derecha del Ter hasta cerca del nacimiento de la Acequia de los Molinos, desde el que sale una vereda para la villa de Olot y para otros pueblos".
El 18 de Octubre de 1807, dos batallones del 70º regimiento francés de infantería de línea, cruzaron el puente del Bidasoa y entraron en España. Estas unidades formaban parte del Primer Cuerpo de observación de la Gironda que a las órdenes del general Junot se dirigía a la frontera de Portugal.
Napoleón y Carlos IV ( la Reina y su favorito Godoy eran los que realmente dirigían la política y los asuntos del Estado) firmaron el 27 de Octubre el Tratado de Fontainebleau con Napoleón en el cual se acordó la colaboración española para invadir y repartirse Portugal que se negaba a cumplir el bloqueo continental contra Gran Bretaña. Portugal era un enclave estratégico de suma importancia para Napoleón para frenar el poderío marítimo de Inglaterra cerrando sus puertos. El tratado fué el pretexto que permitió que las tropas francesas atravesaran España libremente. Muchas de las tropas de este importante contingente no continuaron hacia Portugal, sino que ocuparon posiciones estratégicas españolas como Barcelona, Figueras, Pamplona, Burgos y San Sebastián ya que el verdadero objetivo del Emperador era conquistar toda la península ibérica, expulsar a los borbones y coronar como Rey de España a su hermano José Bonaparte.
Nuevas divisiones francesas se concentraban en el medio día francés y entraban en Noviembre 1807-Febrero 1808. Tras las tropas de Junot, entró el 2º Cuerpo de Observación de la Gironda al mando de Dupont y el Cuerpo de Observación de las Costas del Océano gobernado por el mariscal Moncey, fuerzas que se extendían por el Norte y Castilla la Vieja. Más tarde penetró la División de Observación de los Pirineos Occidentales con el General Darmaignac, quien se apoderó de la fortaleza de Pamplona y Duhesme con la División de observación de los Pirineos Orientales invadió Cataluña.
La División de Duhesme, que reforzada quedó en el mes de Abril organizada en Cuerpo, contaba con unos 13.ooo hombres, franceses e italianos, repartidos en dos Divisiones de Infantería mandadas por los generales Chabran y Lechi, y una División de Caballería, integrada por las Brigadas Bessières y Schwartz.
Entre las tropas del General Duhesme habían regimientos de infantería de línea franceses, regimientos suizos, artillería ligera, Vélites reales, regimientos napolitanos y respecto a la caballería un regimiento de coraceros, otro de cazadores a caballo y dos más a la orden del general Schwartz de cazadores italianos y cazadores napolitanos. Este Cuerpo contaba con un total de unos 13000 hombres.
En Mayo de 1808, las fuerzas españolas de guarnición en Cataluña no excedían de unos 7.500 hombres repartidos entre Barcelona, Tarragona, Gerona y Figueras repartidos de la siguiente forma:
Tropas de la Casa Real 3º batallón del regimiento de Guardias españolas en Barcelona con unos 1.163. hombres y el 2º batallón del regimiento de Guardias Walonas también en Barcelona con 893 hombres.
Infantería de línea, regimiento de Extremadura en Barcelona con unos 840 hombres.
Infantería extranjera. Regimiento de Ultonia en Gerona con unos 479 hombres. Regimiento suizo de Wimpffen nº 1 en Tarragona contaba con 2.149 hombres.
Caballería. Regimiento de Borbón nº 5 en Barcelona con 658 efectivos.
Artillería. Regimiento de Artillería Ligera nº 1 en Barcelona con 1.162 hombres. Compañía fija de Figueras con 93 hombres, Compañía fija de Tarragona con unos 100 hombres.
Cada vez se hacía más evidente que la entrada masiva de tropas francesas en Navarra y Cataluña no concordaba con la idea de reforzar el Ejército en Portugal. Por este motivo cada vez se hacía mayor el recelo de las autoridades y del pueblo español. Los gobernadores de Gerona y Figueras solicitaron repetidamente instrucciones a sus superiores de la conducta que debían seguir sin recibir contestación alguna. La acitud del débil gobierno era esperar pacientemente que se cumpliera el Tratado por el cual Francia y España debían conquistar y repartirse Portugal.
El día 8 de Febrero de 1808 el gobernador de la Plaza de Figueras (la más cercana a la frontera) recibió un parte del General Duhesme al mando del Ejército reunido en el Rosellón en el que le comunicaba que siguiendo las órdenes de su gobierno pasaría al día siguiente con una División compuesta de 8.000 hombres de Infantería y 1.000 de caballería y la Artillería correspondiente de campaña, por la Junquera en dirección a Gerona y Barcelona ( el día 10 saldrían de Figueras hacia Gerona y continuarían su marcha hacia Barcelona). También le informó que sucesivamente entrarían las demás tropas que deberían componer su ejército previniéndole que informara al Gobernador de Gerona de su llegada para asegurar los medios de subsistencia de sus tropas, así mismo responsabilizaba a ambos gobernadores del comportamiento de los habitantes en caso de no conservar la armonía y buen hacer con sus tropas considerándolas como aliadas de España. Este brigadier y gobernador de Figueras (Castillo de San Fernando), llamado Antonio Casano, ya había informado reiteradamente de la reunión de tropas francesas en el Rosellón al Capitán General de Cataluña, Conde de Santa Clara, sin embargo éste no dictó providencia alguna para aumentar la guarnición de Figueras, que contaba con un escaso destacamento, ni de acercar tropas a la frontera como estaban haciendo los franceses.
El Gobernador de Figueras mandó un correo urgente al Capitán General de Cataluña informándole del comunicado de Duhesme pidiéndole instrucciones del modo de conducirse en la admisión de las tropas francesas y dió igualmente noticia al gobernador de Gerona el Mariscal de Campo Don Joaquín de Mendoza y reunió al Ayuntamiento para ornanizar la subsistencia del ejército francés a su llegada a Figueras.
"El gobernador de Gerona recibió a la una de la tarde del día 9 el oficio del de Figueras no hallándose con orden ni instrucción alguna para la admisión de las tropas francesas acordando con el Ayuntamiento los medios para alojar estas tropas y con D. Luis Plandolit oficial de la contaduría del ejército de Cataluña que ejercía las funciones en la Plaza de Comisario de Guerra.
El gobernador de Gerona reunió precipitadamente en su casa a los miembros del Ayuntamiento y a los mandos del regimiento de Ultonia de guarnición en la Plaza para pedirles su parecer. La urgencia de la situación y la falta de noticias de la Capitanía General se acordó en esta junta enviar un expreso (mensajero o emisario) a Figueras para reunirse con el General Duhesme y tratar la manera de llevar a cabo los alojamientos.
Transcribo el acta de la reunión:
Las caballerizas de los habitantes, ni los dos cuarteles de caballería de Figuerola y San Agustín no eran suficientes para toda la caballería francesa y se dispuso que se construyeran pesebres en todos los claustros de los conventos y en el hospicio. El dia 10 a las cinco de la tarde llegó a Gerona una División francesa de cinco mil hombres de infantería, dos mil de caballería y la artillería correspondiente. Llegaron igualmente los generales Duhesme y Lecchi. Toda la tropa se alojó en los cuarteles, conventos y casas de los habitantes. El gobernador invitó a comer a los citados generales, algunos otros jefes y a los ayudantes de campo, y todos los vecinos se esmeraron agualmente en obsequiar a los oficiales alojados en sus casas".
El convento de Agustinos estaba ubicado en la actual Plaza de San Agustín o de la Independencia en la que está el monumento a Álvarez de Castro. Estaba dentro del recinto amurallado del Mercadal y anexo a algunos tramos de muralla. La fachada principal daba a la actual calle de Anselm Claver y al puente de San Agustín. En 1673 la parte norte del convento fué cedido como cuartel de caballería. Durante la ocupación francesa fué abandonado y finalmente destruido en 1815.


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