Gerona en 1808 tenía unos 14000 habitantes. Encerrada en un recinto completamente amurallado, como correspondía a una ciudad sometida en el transcurso de la Historia a múltiples asedios debido a su situación estratégica, enclave decisivo durante las sucesivas invasiones a través de los Pirineos. El valor estratégico de un punto depende de sus elementos geográficos y topográficos así como de su situación respecto a las líneas naturales de penetración de un país; su posición relativa en la red de comunicaciones o la fortaleza del terreno en el que se asienta. Gerona está situada en la línea defensiva del río Ter y sobre el camino natural de invasión de Cataluña, que partiendo de Francia encuentra como primeros obstáculos el castillo de San Fernando en Figueras y la línea de agua del Fluviá. A continuación aparece Gerona, amparada por una serie de montañas al noreste y el foso de la quebrada del Galligans. No es de extrañar pues que desde los tiempos más remotos haya sido objetivo fundamental para los ejércitos invasores.
La vida de sus ciudadanos era austera, sin grandes diversiones ni entretenimientos, como corresponde a los rigores sometidos a una plaza de guerra. Un importante porcentaje de la población estaba compuesta por religiosos, pues la ciudad albergaba numerosas iglesias y conventos.
